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jueves, 3 de marzo de 2016

La Asamblea Nacional y la agenda económica de mediano plazo (y 3/3)

Para terminar esta serie de posts, voy a mencionar un factor que, sin estar directamente relacionado a aspectos de política económica, me parece que tiene una importancia capital para la Asamblea Nacional, dado el tipo de retos que le tocará enfrentar.

Venezuela atraviesa una crisis económica de inmensas proporciones, con profundos y perversos efectos sociales de desabastecimiento, inflación y calidad de los servicios públicos. La nueva Asamblea Nacional, he argumentado, recibió un mandato múltiple para generar respuestas a la grave crisis política, económica, y social. Personalmente he opinado que existen claras limitaciones para implementar cambios de política económica desde un poder distinto al ejecutivo. Aún así, soy de los que piensan que el Parlamento enfrenta la necesidad inmediata de fortalecerse institucionalmente para erigirse como una voz creíble, autónoma y calificada sobre temas económicos y sectoriales. 

En una frase: La Asamblea Nacional debe reabrir una Oficina de Asesoría Económica y Presupuestaria de alto nivel. 

En general, dada la creciente complejidad de las políticas económicas, sectoriales, de servicios públicos, y de los procesos fiscales/presupuestarios, desde los 90s, la creación de agencias de asesoría técnica fue la vía favorita de reforma para fortalecer las capacidades de los Parlamentos. Este tipo de órganos, donde han funcionado, han sido un factor fundamental en la reducción de las asimetrías de información entre los poderes Ejecutivo y el Legislativo.

Venezuela tiene su propio antecedente cuando en el año 1997 se creó, con apoyo técnico y financiero del Banco Interamericano de Desarrollo, la Unidad de Análisis Macroeconómico dependiente del extinto Congreso Nacional, posteriormente llamada Oficina de Asesoría Económica y Financiera de la Asamblea Nacional (OAEF), que logró concentrar un grupo de técnicos altamente calificados con capacidad para evaluar imparcialmente las iniciativas de política económica, presupuestaria y sectorial del Poder Ejecutivo. Mientras duró, la Oficina de Asesoría Económica y Financiera de la Asamblea Nacional logró posicionarse como una institución reconocida y respetada por los representantes de la Asamblea Nacional y por la opinión pública en general. Por razones que no vienen al caso, en los últimos meses de 2003, la OAEF fue disuelta por las autoridades chavistas de la Asamblea Nacional.

La creación de un ente como el propuesto, permitiría a la AN reducir las asimetrías de información y de capacidades con el resto de los poderes públicos; le otorgaría a la AN capacidad de sistematizar, procesar y difundir la información relativa a las políticas del Ejecutivo; proveería apoyo técnico de calidad a todos los parlamentarios y a las comisiones permanentes de la AN, sobre temas económicos relacionados al trabajo legislativo, y; otorgaría a la AN una voz calificada sobre temas de políticas públicas, gestión del presupuesto, coyuntura económica, política sectorial, servicios públicos, etc. Todo ello fortalecería el rol del Parlamento antes, durante y después de una hipotética transición.

En el contexto crítico actual, la nueva Asamblea Nacional debe servir como un muro de contención del "modelo socialista", en lo conceptual, político y programático. La AN puede y debe mostrarle a la sociedad que hay una forma alternativa de manejar la economía, distinta al mortal coctel de controles, restricciones y corrupción actual, lejos de la deriva populista.

Reabrir una oficina de asesoría económica de alto nivel sería un paso gigante en esa dirección.

lunes, 15 de febrero de 2016

La Asamblea Nacional y agenda económica de mediano plazo (1/3)

Diputado José Guerra
Todos coinciden: el triunfo político de la Unidad el pasado 6D fue categórico, de gran trascendencia, un verdadero misil a la línea de flotación del chavismo. Pero sobre lo que parece hay menos acuerdo es sobre en qué consiste exactamente el mandato mayoritario recibido por la oposición.

O mejor dicho, cada uno interpreta dicho mandato de acuerdo a sus propias prioridades o partido. Están, por un lado, los que quieren que la AN sea el ariete de la transición política post-chavismo; por otro lado, están los que quieren que la AN legisle para aliviar la grave crisis de servicios públicos y abastecimiento que padecemos; luego, están los que quieren que aumente las fiscalizaciones del poder y persiga a los corruptos; le siguen los que exigen concentrar sus esfuerzos en la defensa de los DD.HH. y la liberación de presos políticos y; por último, los que quieren que la oposición, desde el púlpito de la AN, proponga, asuma y ordene la ejecución del programa de medidas de ajuste económico para sacar a Venezuela del atolladero. Es a estos últimos a quienes va dirigido mi comentario.

Lo cierto es que, hasta ahora, la AN ha tenido que jugar al equilibrista para avanzar en todos esos frentes simultáneamente. El mandato, resulta ahora obvio, es tan diverso como diversa es la coalición de los mandantes. Pero, repito, es sobre el rol económico de la nueva AN a lo que quiero referirme en este texto.

Creo firmemente en que la desquiciada forma oficialista de conducir la economía, debe encontrar en la nueva AN un muro de contención en lo conceptual, en lo político y en lo programático. Creo también que el personaje de la foto que acompaña este post, tiene un rol particularmente relevante en este sentido. Creo además, que en un año como 2016, cuando la economía se encuentra al borde de la desintegración, la AN emerge naturalmente como la única referencia de una forma alternativa de hacer las cosas.

Dicho lo anterior, soy de los que piensan que si bien el control sobre la AN le otorga amplios atributos a la oposición, su margen de maniobra para implementar cambios de políticas económicas es muy limitado. No es el objetivo de este post discutir sobre la diferencia entre diseño e implementación de políticas, ni sobre quién tiene el monopolio de lo segundo, así que me limitaré a decir que es sencillamente imposible pensar en dirigir, promulgar y/o promocionar un ajuste económico como el que requiere Venezuela, desde un poder distinto al ejecutivo. La tesis de que se puede llevar al ejecutivo de Maduro y Co. a un ajuste económico nariceado desde la AN es simplemente irreal, irrealizable e inconveniente.

Pero creo que hay mucho que la oposición puede hacer en materia económica desde la AN. Algunas cosas ya han sido señaladas por colegas o están en la agenda legislativa de la Unidad. Pero quisiera enfocarme en la agenda de mediano plazo, porque creo que la oposición debe utilizar su nueva tribuna para prepararse para gobernar a Venezuela. La unidad debe aprovechar la oportunidad estratégica que le otorgan sus recién estrenados poderes legislativos para empezar la reconstrucción -o construcción- de la institucionalidad económica sobre la cual gobernará. Recuérdese que partimos desde un punto donde lo poco que había en pie antes de 1999, ha sido completamente destruido tras 17 años de barbarie en política económica. Legislar en este sentido, no solo me parece que es prioritario, sino que sería una señal clara de la vocación de poder y de la orientación económica de un futuro gobierno de la Unidad.

Fíjese que paradójicamente, la catastrófica baja en los precios del petróleo que, al demoler lo que quedaba del "modelo" económico chavista, tiene a nuestra población sufriendo las peores penurias, ofrece una oportunidad de oro para hacer lo que nunca hemos hecho: construir instituciones económicas para la moderación en tiempos de abundancia.

Venezuela, la fiesta, la resaca

Venezuela, siempre se ha dicho, es como el tipo irresponsable que se gana la lotería y se gasta todo lo ganado -y más- en una bacanal interminable de la cual solo le queda la resaca. Aún más grave, el tipo del cuento -Venezuela-, se ha ganado esa lotería no una vez, sino varias veces, y una y otra vez se mete la misma rumba y termina con el mismo ratón.

Venezuela, por supuesto, no tiene que estar condenada a repetir la misma conducta. Yo argumento que la actual coyuntura ofrece la oportunidad de prepararnos para  el próximo ciclo. Podemos crear los mecanismos para que cuando la suerte vuelva, que siempre vuelve, tratar de llevar la fiesta en paz, disfrutar con moderación, y evitar a toda costa que la fiesta termine como terminaban casi siempre las fiestas en mi pueblo: en llanto y botellazos. Es cierto que no hay nada más difícil, políticamente hablando, que legislar para tiempos de vacas flacas, cuando las vacas, robustas y con visible sobrepeso, están sentadas a la mesa gozando del banquete. No hay nada menos popular que un político aguafiestas. Debe ser por eso que CAP I dijo aquello de “administrar la abundancia con criterio de escasez”, justo antes de hacer exactamente lo contrario.

Pero siguiendo la misma lógica es en un momento como el actual, de precios bajos del petróleo, donde puede resultar políticamente viable proponer mecanismos contra los excesos en tiempos de abundancia, ya que esos tiempos lucen hoy implausibles y lejanos. La actualidad ofrece ventajas en tres sentidos: (i) legislar con respecto al uso de ingresos extraordinarios no representa una amenaza inmediata para nadie en este momento, pues son mecanismos que están lejos de hacerse efectivos; (ii) erigir una arquitectura fiscal para la estabilidad no requiere un esfuerzo fiscal hoy, y por tanto no representa conflicto distributivo alguno, y; (iii) tomar medidas de esta naturaleza no amenaza los resultados electorales de ningún grupo o facción.

La referencia a la lotería más arriba era una forma coloquial de decir que el principal problema de las finanzas públicas venezolanas es su alto grado de vulnerabilidad frente a los vaivenes del mercado petrolero global. Como consecuencia, el desempeño fiscal venezolano ha sido inestable, poco creíble y nada transparente. Venezuela no es, por supuesto, el único país que enfrenta problemas similares en el plano fiscal. La mayoría de los países de nuestra propia región enfrentan problemas similares, y muchos, los más serios, han puesto en pie un andamiaje institucional para tratar de mitigar los efectos perversos de la volatilidad de los precios de los commodities sobre las gestiones fiscales.

A riesgo de generalizar un contexto institucional que tiene claros matices entre países, yo diría que la respuesta de política típica para enfrentar el problema fiscal en países que dependen del ingreso volátil de un commodity, se basa en los siguientes tres pilares:

Ley de Responsabilidad y Prudencia Fiscal: Para reglamentar los parámetros de comportamiento de las gestiones fiscales de todos los niveles de gobierno: nacional, regional y municipal. Este tipo de instrumentos generalmente impone límites implícitos a los ejercicios fiscales deficitarios, al poner parámetros nominales al crecimiento de algunos rubros del gasto corriente y reglamentar el uso del endeudamiento adicional. En muchos países, estas leyes reglamentan lo que el ejecutivo puede hacer y no hacer fiscalmente en un año electoral.
Ley de Estabilidad Fiscal: Para adoptar una regla fiscal estructural que permita aislar las finanzas públicas de los efectos transitorios de la volatilidad petrolera y del ciclo económico. La de la regla fiscal estructural es crear las condiciones para que el estado ahorre en momentos de boom, y gaste más cuando el ciclo se revierta. Esta ley debe incluir la creación del Fondo de Estabilización Fiscal, que permitiría un marco transparente de acumulación y desacumulación de los ingresos fiscales extraordinarios -cuando los hubiera-.
Ley del Consejo Nacional de Política Económica: Para crear un panel de asesores, con participación del ejecutivo y el legislativo, pero esencialmente independiente de ambos, para proveer un bien público de particular importancia para la estabilidad económica en Venezuela: los supuestos de base para la formulación del presupuesto de la nación. Solo independizando la fuente de los supuestos macroeconómicos (inflación, tipo de cambio, precio del petróleo, crecimiento del PIB, etc.), de la formulación del presupuesto en sí mismo, se podrá evitar, por ejemplo, el abusivo uso discrecional de niveles artificiales de precio del petróleo para despojar a las regiones de los recursos que le corresponden. Un ente como este debe estar a cargo de formular también los supuestos de base para la regla fiscal estructural y el fondo de estabilización, descritos en el punto anterior.


A mi juicio, empezar a debatir una agenda de reformas económicas de mediano plazo es una forma efectiva y de bajo costo de invertir el capital político de la oposición. Empezar a reconstruir la institucionalidad económica  del país será una señal clara de que la transición ha comenzado.

Empecemos. 

sábado, 19 de diciembre de 2015

Sobre el Voto Nulo como Protesta

A raíz de la inspección preliminar que hice de los micro-datos del 6D, de la cual Eugenio Martínez (@puzkas) y otros medios nacionales se hicieron eco, se ha generado una especie de sana polémica en torno al tema de los votos nulos el 6D.

El hecho fundamental es que la tasa de voto nulo del 6D (aprox. 5,0% en el voto lista), es inusualmente alta relativa a la historia reciente de eventos electorales (aunque no la más alta históricamente). Esto ha motivado la destemplada reacción, mitad teoría de la conspiración, mitad conveniencia política, de los que todavía no se enteran de qué fue los que les pasó por encima el 6D.

Pero vamos al punto. En mi post anterior sobre el tema dije que, a simple vista, los datos del 6D son consistentes con la tesis de que una parte de los electores oficialistas utilizaron deliberadamente el voto nulo (en blanco) como expresión de descontento. Mi afirmación se basaba, por un lado, en un análisis muy preliminar de las proporciones de voto nulo entre los centros del 20% más oficialista, con respecto al 20% más opositor, la diferencia resultaba más del doble entre una y otra y estadísticamente significativa; por el otro lado, en el conocimiento de la data electoral más reciente, pues no recordaba  haber visto una diferencia tan sustancial en cuanto a votos nulos entre centros más pro-CH y más pro-OPO.

Aun así, mi afirmación la hice en condicional, pues es un punto que requiere de más análisis para sacar conclusiones más robustas. Esa es la intención de este post.

¿Utilizó el chavismo el voto nulo como protesta?


El debate  sigue vivo.

Iñaki en el blog YVPolis, correctamente demuestra que existe una alta correlación entre los centros con alta incidencia de voto nulo en 2010 y en 2015, lo cual es correcto, y refleja el hecho que existen centros que por razones observables (o no) son sistemáticamente más propensas a cometer errores que nulifiquen el voto, y que esos centros son más o menos los mismos entre 2010 y 2015. Más sobre este punto más adelante.

Caracas Chronicles, también se unió al debate. Ahí, Quico sostiene la tesis de que la responsable es la horrible interfaz del elector que ofrece Smartmatic y sus máquinas. En su historia, la interfaz complica innecesariamente el acto de votación, lo cual afecta desproporcionadamente más a los electores relativamente con menor educación (lo cual en teoría los hace cometer más errores que nulifican el voto). Quico sugiere, sin decirlo expresamente, que detrás de las diferencias significativas en la tasas de voto nulo entre unos centros y otros, observadas por Iñaki, está el nivel de sofisticación promedio de los electores de dichos centros.

El problema es que aunque la afirmación sea parcialmente cierta, esta historia no es consistente con los datos y no explica lo que pasó entre 2010 y 2015.

¿Por qué? Pues porque las elecciones parlamentarias de 2015 fueron casi una réplica idéntica de las elecciones parlamentarias de 2010. De hecho en ambas elecciones se utilizaron los mismos circuitos, se emitieron la misma cantidad de votos, se utilizaron las mismas máquinas y la misma interfaz del usuario, se eligieron los mismos cargos, para la misma institución, votó más o menos la misma población, más o menos en los mismos centros de votación. Ambas elecciones tuvieron más o menos la misma motivación, organizaciones de campaña, movilización y base territorial. Ambas elecciones fueron ampliamente polarizadas. Aparte de cambios demográficos y pequeñas modificaciones en la organización de la recepción de votantes en los centros, ambas elecciones son casi idénticas.

Sin embargo la tasa de voto nulo de 2015 (aprox. 5,0%), duplica la tasa de voto nulo observada en 2010 (aprox. 2,5%) en el voto lista. Entonces, a menos que se piense que hubo un factor que hizo caer el nivel general de sofisticación/educación de todo el electorado en promedio, o peor aún, de una parte del electorado en particular (el oficialista), esa historia no tiene ningún asidero.

Un viejo mentor en el Banco Central me enseño un adagio: Una constante, no puede explicar una variable. La “educación promedio” de los centros de votación, no puede explicar las duplicación del voto nulo entre 2010 y 2015.

Luego Rodrigo, abunda en la tesis de lo malo que es la interfaz del votante del mejor sistema electoral del mundo. Y tiene razón, la interfaz es terrible, puede ser ampliamente mejorada, y el sistema se beneficiaría de las propuestas como tener un botón de voto en blanco/nulo para capturar la voluntad expresa de los electores que quieran elegir esa opción. El argumento es irrebatible, pero no pone luz sobre las diferencias entre 2010 y 2015, o entre centros más pro-OPO y más pro-CH. Rodrigo sentencia: “Es imposible demostrar que ciertos votantes, con ciertas preferencias, fueron más propensos a votar nulo. Imposible.”

Challenge Accepted.

Nicmer, Marea, Nicmer Marea 


El experimento: Sabemos que algunos factores políticos de la disidencia chavista hicieron llamados expresos a votar nulo, incluyendo al mediático Nicmer Evans, quien admite que Marea Socialista se vio obligada a votar nulo frente a la polarización y la ilegalización de su tarjeta en varios estados.  Supongamos que una parte del electorado estuvo expuesto o era más propenso a seguir el lineamiento de Nicmer, es decir, una parte de la población estuvo más expuesto a lo que llamaremos el Tratamiento Nicmer Marea. El tratamiento Nicmer Marea consistía en ponerle una voz interna a los chavistas en su cabeza que les decía: “Castígalos, ¡Vota Nulo!”  (Obvio: lo de Nicmer/Marea es un recurso retórico para ilustrar un punto).

La pregunta: ¿Será cierto que parte del electorado chavista –siguiendo a Nicmer o no- expresó su descontento a través del uso deliberado del voto nulo?

La prueba: Supongamos –por simplicidad– que solo existen centros de votación muy chavistas o muy opositores. Para operacionalizar esta noción decimos que “muy chavista” significa aquellos centros donde el oficialismo sacó 70% o más en las elecciones de 2010 (los llamaremos Centros +CH). Los “muy opositores” son aquellos centros donde la MUD sacó más de 60% en dicha elección (los llamaremos +OPO).

Evidencia #1: Los centros +CH tienden a tener tasas de voto nulo/blanco relativamente más altas que los centros +OPO. Esto es una constante en todas las elecciones del pasado reciente. Veamos que pasó en las elecciones parlamentarias de 2010:


La diferencia entre centros +CH y centros +OPO es de menos de medio punto porcentual (0,48%). Esta cifra es importante recordar, pues ese medio punto porcentual incluye todas las diferencias posibles, observables o no observables, entre el votante promedio de los centros +CH y el votante promedio de los centros +OPO. Es decir, todas las diferencias sistemáticas entre nivel educativo, ingreso, ocupación, aptitudes, actitudes, gustos musicales o culinarios, entre chavistas y opositores, se pueden estimar para una elección como la de 2010 en medio punto porcentual adicional de votos nulos –cero punto cuarenta y ocho por ciento-.

Evidencia #2: En 2015, el patrón se repite con centros +CH mostrando tasas de voto nulo/blanco relativamente más altas que los centros +OPO. Sin embargo esta diferencia se profundiza con respecto a lo observado en las elecciones parlamentarias de 2010.



La diferencia entre centros +CH y centros +OPO en 2015 fue de 1,78 puntos porcentuales, esto es casi cuatro veces la diferencia observada en 2010. Aquí es importante recordar que este análisis se hace basado en un universo de 2100+ centros de votación +OPO y 3120+ centros de votación +CH, y que son los mismos centros para 2010 y 2015, por lo tanto estamos comparando en promedio la misma población. No es plausible pensar en cambios sistemáticos en nivel educativo, ingreso, ocupación, aptitudes, actitudes, gustos musicales o culinarios, entre chavistas y opositores, en los 5 años que transcurrieron entre 2010 y 2015, que ayuden a explicar el salto en la diferencia entre las dos poblaciones.

Aun así, todavía no se puede afirmar con certeza que esta diferencia entre las dos poblaciones es atribuible a una intencionalidad deliberada de la población +CH de expresar descontento a través del voto nulo/blanco.

¿Pero se puede decir algo a partir de la data?


Afortunadamente, no necesitamos un lector de mentes oficialistas para saber si existe evidencia de que algo pasó en los centros +CH, algo que podría sugerir Tratamiento Nicmer Marea funcionó. No necesitamos un lector de mentes, porque tenemos a David Card & Alan Krueger (1994), que son como Chino & Nacho, pero de la evaluación de políticas.

Lo que hemos dicho hasta ahora sobre las diferencias entre dos poblaciones en dos puntos del tiempo distinto, tiene la estructura perfecta para aplicar una técnica que es estándar en la evaluación de políticas y de efectividad de tratamientos médicos: El estimador DID (diferencias-en-diferencias).

No es la idea abundar en aspectos técnicos aquí, pero sépase que el DID es una forma sencilla, elegante y robusta de inferir, a partir de los datos, una relación causal o de atribución entre un resultado observado (tasa de voto nulo) y una intervención o “tratamiento” (Nicmer Marea). La estimación permite controlar los típicos sesgos que uno podría encontrar en una estimación de este tipo. Toma en cuenta, además, las características no observables de las poblaciones involucradas que no varíen en el tiempo.

Resultados: Los resultados sugieren que existe fuerte evidencia de que algo pasó el 6D en los centros +CH. Ese algo no puede ser explicado por los cambios en el sistema de votación entre 2010 y 2015 (que no fueron muchos), ni por cambios atribuibles a las características observables o no observables de los votantes promedio de cada grupo (i.e. educación, habilidad). Entonces, lo encontrado es evidencia de que ese algo fue que una parte de la población de los centros +CH tuvo intención deliberada de votar nulo: el tratamiento Nicmer Marea.


            


La estimación en Diff-in-Diff del efecto Nicmer es que 1,32 puntos porcentuales de la tasa de voto nulo observada en los centro +CH es atribuible a la intención de votar nulo como protesta. Esto es, casi la mitad (47%) del incremento de la tasa de votos nulos entre 2010 y 2015 en los centros más oficialistas, puede ser explicada por este efecto. Casi ¾ partes (74%) de la diferencia observada entre las tasa de voto nulo entre centros +OPO y centros +CH en 2015, puede ser explicada por el Tratamiento Nicmer Marea.

Cierro diciendo que creo que el estimador DID es evidencia sólida, robusta y no circunstancial de que el Efecto Nicmer Marea existió y fue importante el 6D. También diré, que creo que el estimador puede incluso estar subestimando el peso que tuvo el voto nulo deliberado como protesta, pues una parte de la población de los centros +OPO también estuvo sometida al mismo tratamiento. 

Pero como diría Juan Vené…la prueba de eso la dejamos para el próximo programa (o post).


Nota al lector: Lo de Nicmer es una metáfora, no creo que lo que diga haya dicho o dejado de decir Nicmer, haya tenido importancia o trascendencia alguna el 6D. 

martes, 15 de diciembre de 2015

Tres Gráficos sobre el 6D

Un análisis preliminar de los datos parciales del primer boletín del CNE: (hat tip Eugenio Martínez @puzkas por los datos del primer boletín del CNE)

El voto nulo como voto protesta: A simple vista, pareciera que el descontento oficialista se expresó también en forma de voto nulo. La incidencia de voto nulo es más del doble en los centros electorales del 20% más oficialista, con respecto al 20% más opositor.


 

Avance uniforme: El resultado de la Unidad es excepcional en muchos sentidos, pero estas dos métricas dan cuenta de la proporción de lo ocurrido: La Unidad avanzó su votación en TODOS los circuitos del país, con un promedio de +12 puntos porcentuales (pp), un mínimo de +5pp un máximo de +18pp. Más impresionante aún: la Unidad logró ganar 34 circuitos por primera vez en 16 años.



Ganancias rurales: pese a sacar una ventaja menor a la esperada por las encuestas (15,4pp), la oposición logró la mayoría calificada gracias a avances sin precedentes en las áreas rurales. Personalmente yo estaba on-record con una predicción puntual de 111 diputados, sin embargo siempre advertí que el determinante más importante del resultados no era la brecha del voto nacional, sino que las ganancias de la oposición estuvieran “adecuadamente distribuidas”entre circuitos rurales Vs. urbanos. La simulación que utilicé para ilustrar este punto resultó buena explicando el resultado final de 112 diputados, ya que el llamado “coeficiente de ganancias rurales/urbanas” resultó de 1,26, es decir, la oposición logró movilizar 126 nuevos votantes "rurales"*, por cada 100 votantes "urbanos"*. Lo que dibujado en el gráfico la Cota 15,4 arroja:


*La definición de circuitos rurales y urbanos es propia y necesariamente un tanto arbitraria.

viernes, 13 de diciembre de 2013

1994

Es cierto. En Venezuela, uno revisa el archivo de cuentos de la cripta y se encuentra con otras historias de horror monetario.

1994 no fue solo un mal año para la música, sino que fue un pésimo año para la economía Venezolana. En Enero de aquel año, las autoridades de regulación bancaria decidieron intervenir el Banco Latino. El Banco Latino era para la época, el segundo banco más grande del sistema financiero. Lo que vino después ya lo sabemos: Venezuela se sumergió en un período de alta inestabilidad, incluyendo varias olas de corridas contra los bancos y el bolívar. El saldo final fue de 75 instituciones financieras intervenidas y el 55% de los depósitos totales del sistema en bancos cerrados o estatizados. En aquella época las largas colas eran de ahorristas tratando de recuperar el fruto de su trabajo en la puerta de un banco cerrado.

Al final de esta triste historia, la crisis bancaria de 1994-1995 tuvo un costo aproximado de 13% del PIB. Además, en medio de una típica crisis gemela, el BCV quemó 45% de las reservas internacionales en un intento vano por defender el régimen cambiario de micro devaluaciones diarias (crawling peg), un régimen que finalmente tuvo que ser abandonado a favor de un régimen de tipo de cambio fijo con control de cambios, tasas de interés y precios -luego de una devaluación de 63%-. Por su costo, y este dato es importante mantenerlo en la memoria, la crisis bancaria del 94 está catalogada como uno de los episodios más fuertes y virulentos en su tipo en la historia económica del mundo contemporáneo.




La información contextual es relevante porque, durante la crisis bancaria de 1994, Venezuela experimentó un episodio de horror monetario similar al que estamos viviendo a finales de 2013. En aquella época, el Banco Central de Venezuela, se vio obligado por una situación de emergencia excepcional -la caída abrupta de la mitad del sistema bancario local- a extender un instrumento de crédito a favor de una Institución del sector público - FOGADE -. Con esta decisión, el BCV pasó a financiar, con emisión inorgánica de dinero, el costo los llamados Auxilios Financieros. La decisión del gobierno de aquel entonces, fue la de devolverle los ahorros a los venezolanos afectados por la crisis bancaria, poniendo para ello a funcionar la maquina de hacer billetes que está en los sótanos de la Esq. Carmelitas.

Hasta aquí el lector atento se habrá dado cuenta de que, aunque las motivaciones fueron muy distintas -y quizás se puede argumentar que fueron más legítimas las de 1994-, el esquema fue el mismo: El BCV, a través de un instrumento de crédito, emite dinero inorgánico para financiar necesidades de otra parte del sector público, lo cual es exactamente lo que hace en este momento con el actual Pagaré de PDVSA. Fin de las similitudes entre 1994 y 2013.

Ahora vamos con las diferencias, que resultan aun más reveladoras. En primer lugar, diferencias de orden de magnitud: En 1994, el BCV terminó por otorgar créditos a favor de FOGADE por aproximadamente Bs. 800 mil millones de los viejos, lo cual puesto en contexto, significó un poco más o menos 9% del PIB de ese año. En 2013, sin tener certeza sobre las cifras exactas del Pagaré de PDVSA, gracias a la rabiosa opacidad que decidió tener el BCV con sus cifras monetarias, el BCV podría cerrar el año otorgando financiamiento monetario a PDVSA por una cifra alrededor del 18% del PIB. ¿Se entendió? El costo actual de la política de financiamiento monetario del déficit fiscal es el doble -D-O-B-L-E- de lo que le costó al BCV salvar a la economía de la quiebra de la mitad de sus sistema bancario en 1994.

La segunda gran diferencia, y no es menor, es que el BCV en 1994 era una Institución, si bien no completamente independiente, al menos no arrodillada a los designios del Ejecutivo. Así que a partir de mediados de 1994 y hasta 1996, simultáneamente con su política de financiamiento monetario de los Auxilios Financieros, el BCV llevó a cabo una agresiva política de contracción monetaria, para drenar la liquidez excedente del sistema, a través de Operaciones de Mercado Abierto colocando títulos de emisión propia (Cero Cupón y TEMs). Esta política, se sabe, fue costosa y criticada en varios aspectos, pero no cabe duda que contrarrestó, al menos parcialmente, el enorme desequilibrio monetario causado por los auxilios financieros.

En suma: Una política más irresponsable y un BCV más pasivo. Siempre he tenido la sensación que la actual política monetaria es como esas fiestas que unos sabe que ineluctablemente terminará a botellazos, sillas volando y gente llorando.

viernes, 6 de diciembre de 2013

La Guerra Económica: Anatomía del último ataque


La verdad sea dicha: El tema resulta árido. Por más que uno lo intente, es extremadamente difícil traducir en palabras el sentido de urgencia que produce el tremendo desbarajuste monetario que se está creando en Venezuela. Una política fiscal irresponsable, convalidada obsecuentemente por un Banco Central aun más irresponsable, suena a veces como un tema demasiado abstracto, demasiado lejano. Pero no lo es, y voy a mostrar un buen ejemplo.

Lo cierto es que el grado de desequilibrio monetario observado en las últimas semanas es un despropósito de magnitudes épicas que tendrá, que duda cabe, graves consecuencias económicas y sociales. Lo cierto es que, en esta guerra económica, las bajas provendrán de las filas de los que no tienen como protegerse del huracán inflacionario. Las bajas provendrán de los que menos tienen.

martes, 19 de noviembre de 2013

Nota técnica: BofA y las cuentas externas de Venezuela

Advertencia: He decidido tocar ocasionalmente temas técnicos sobre economía venezolana y hacer posts de corte más analítico. Aunque trataré de mantener un lenguaje asequible para un público un poco más amplio, estoy consciente de que la jerga de los economistas es ininteligible para el común de los mortales. En pos de la discusión necesaria de estos temas, pido mil disculpas de antemano. Gracias por su paciencia. 

Lo bueno 
Bofa acaba de publicar un reporte sobre la sostenibilidad de las cuentas externas de Venezuela. Los economistas que seguimos a Venezuela, pero que no nos ganamos la vida analizándola, agradecemos que BofA se haya tomado el tiempo de meterle la lupa a las cuentas externas venezolanas e identificar las distorsiones que todos presumían, pero nadie había cuantificado con detalle. BofA hace buen uso de su acceso a fuentes de información oficial para presentar un informe que, por detallado, es raro ver en el mundo de la banca de inversión.

Son dos los resultados principales del reporte. Primero, según BofA, las cuentas externas venezolanas, cuando se les contabiliza bien, lucen mucho peor que lo que las cifras oficiales muestran. En particular, Venezuela no tendría un superávit de cuenta corriente, sino un pequeño déficit; el sector público venezolano, determinante fundamental de las cuentas externas, tendría un déficit grande de 2,8% del PIB, y no sería acreedor neto, como dicen las cuentas de BP del BCV, sino deudor neto por un monto nada trivial de 3,5% del PIB.

Básicamente, el aporte de BofA es la imputación de valores para contabilizar el efecto de cosas como: el impacto de la política exterior basada en acuerdos petroleros tipo Petro-Caribe; el impacto de los Fondos Chinos y otros esquemas que permiten el pre-pago de importaciones; el impacto de la contabilidad creativa del BCV al valuar al tipo de cambio oficial las inversiones extranjeras en Venezuela -y la retención de utilidades no repatriadas-; el impacto de calcular realistamente los rendimientos y costos financieros de nuestros activos y pasivos externos, etc. Con este ajuste, BofA da un respuesta plausible -aunque incompleta- a la aparente paradoja: un país que tendría 15 años seguidos mostrando superávits de cuenta corriente (6,5% del PIB, en promedio), lo cual lo habría convertido en un gigantesco acreedor externo neto (38% del PIB), pero que sin embargo está experimentando, en vivo y directo mientras escribo esto, los más severos síntomas de un ajuste externo clásico –devaluación, grave escasez de divisas y desaparición del financiamiento externo-. Quico, en Caracas Chronicles, ya hizo un buen resumen del reporte.

Esta primera parte del reporte es muy útil, pues ayuda a entender como luce una foto más realista de la posición externa de Venezuela. Muy interesante resulta el análisis sobre el persistente desbalance entre el rendimientos de los activos y pasivos externos de Venezuela, y su modelación como un pasivo intangible, o lo que BofA llama la materia roja.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Welcome to Distortioland

Año decimotercero del siglo XXI y seguimos dando vueltas en círculos. Está claro que aquello de que "uno no se tropieza dos veces con la misma piedra", lo dijo un hiper-optimista, un jodedor, o un filósofo heraclida. En todo caso no creo que fuera Venezolano. No señores, no creo que por muy proveniente de los Países Bajos que sea, padecer de Enfermedad Holandesa -en estado terminal- nos ponga en algún track para reclamar acceso a la UE y anotarnos en la lista de invitados de la OCDE. Escribiré, con la esperanza de que algo quede.