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lunes, 29 de febrero de 2016

La Asamblea Nacional y la agenda económica de mediano plazo (2/3)

Estos días en que la nueva Asamblea Nacional discute un proyecto de reforma de ese bodrio en que se ha convertido la Ley del Banco Central de Venezuela, me hicieron recordar que la motivación original de este blog, cuando lo empecé hace poco más de 2 años, fue la denunciar que, entre otros despropósitos, la conducción chavista de la economía había producido la completa demolición de la institucionalidad mínima del equilibrio monetario en Venezuela.

Nadie debe olvidar que el brote hiperinflacionario que hoy subyuga a los venezolanos tuvo su origen en las decisiones tomadas por el chavismo en dos fechas: 20 de julio de 2005 y 9 de noviembre 2009. Fechas memorables por las peores razones, a las cuales debemos agregar la fecha cuando el chavismo remató la faena: 31 de diciembre del 2015. Lo que ha experimentado Venezuela no es menos que el proceso progresivo de desintegración de la institucionalidad monetaria. Proceso mediante el cual el ejecutivo chavista expropió al BCV todas sus competencias, sus instrumentos y su independencia, convirtiendo al Instituto en poco más que solo un edificio lleno de gente en la Av. Urdaneta de Caracas.

Para no llover sobre mojado solo recuerde el lector que en cualquier parte del mundo, la capacidad real de un Banco Central para cumplir su mandato legal, que no debe ser otro que la preservación del valor de la moneda local, depende crucialmente de tres factores:  el poder para centralizar las Reservas Internacionales; la prohibición de financiar ejercicios fiscales deficitarios, y; la no subordinación de sus decisiones al  Poder Ejecutivo. Sobra decir que los tres factores son inexistentes en Venezuela de 2016.

Qué hacer entonces con la reforma del Banco Central que se discute actualmente en el seno de la nueva Asamblea Nacional. En mi humilde opinión, debe aprovecharse el momento para crear las condiciones para que en el mediano plazo, el Banco Central de Venezuela sea empoderado de nuevo con instrumentos, capacidades y un mandato claro para cumplir su rol: garantizar la estabilidad de precios.


Opino que la discusión, al menos la que he escuchado hasta ahora luego de la primera discusión del proyecto y las consultas públicas realizadas por la Comisión de Finanzas, va en la dirección correcta. Hasta ahora se ha hablado de:  (i) Reforzar la maltrecha independencia mediante la rehabilitación del rol del Parlamento en el nombramiento y remoción de las autoridades del Banco Central; (ii) forzar al Banco Central a regresar a un régimen periódico y transparente de publicación de cifras económicas, y; (iii) restringir o prohibir la capacidad del Banco Central para financiar monetariamente el déficit fiscal.


En mi humilde opinión, además de las medidas descritas, el Parlamento debe sentar las bases para que en el mediano plazo, el BCV pueda implementar un esquema de política monetaria que le sirva a una economía como la venezolana, lo proteja mejor de los choques que recibe y logre la tan anhelada y esquiva estabilidad de precios. No es el tema de este post, pero adelanto que desde mi perspectiva, la Venezuela de la transición deberá empezar a recorrer el camino hacia un régimen de tipo de cambio flexible bajo un esquema de objetivos directos de inflación. En todo caso, es tema sujeto a debate, pero sea cual sea el esquema final adoptado creo que se necesitará una reforma profunda de contenidos y hasta de tono de la Ley del Banco Central (o una nueva). Con lo anterior en mente, me parece que el Parlamento pudiera comenzar por:



  1. Eliminar del articulado que tiene que ver con las funciones, roles y características del Banco Central de Venezuela, cualquier mención al desarrollo nacional armónico, al crecimiento económico, al nivel de empleo, al régimen socioeconómico, al compromiso/responsabilidad social, a la participación ciudadana, a la integración latinoamericana, y demás paja retórica que ha servido de coartada legal a la criminal forma de proceder del pasado reciente. De manera inequívoca y categórica: la única función legal del BCV debe ser la de preservar la estabilidad monetaria y el funcionamiento del sistema de pagos. Punto.
  2. Eliminar del articulado toda mención a ese invento endógeno chavista llamado "Nivel Adecuado de Reservas Internacionales", que es nada más y nada menos, el responsable de la desequilibrio monetario extremo -y su correlato inflacionario- que hoy observamos. Debe eliminarse también el concepto de "Reservas Excedentarias", que es un engendro conceptual derivado del anterior.
  3. Eliminar del articulado toda mención al concepto de "Utilidades Cambiarias", que era la innovación favorita del chavismo para obtener algo de recursos por emisión inorgánica antes de que perdieran todo pudor en 2005. 
  4. Eliminar la posibilidad de financiar directamente, y sin límite de plazo, a empresas e institutos públicos. Eliminar la posibilidad de adquisición masiva de instrumentos de crédito en colocación primaria por parte de entes públicos. Esta disposición, en mi opinión, necesita analizarse con detenimiento. Un comentario sobre esto más abajo. 
  5. Endurecer los criterios para la selección de los Directores y el Presidente del Banco como piedra fundacional de la credibilidad del futuro Banco Central. Con respecto a esto, la ley debe procurar estándares internacionales, reforzando el rol de las capacidades técnicas, la trayectoria y la independencia, en la futura conducción del Banco.
  6. Reforzar el regreso a los manuales estándares de la contabilidad monetaria. Basta con ver el balance del BCV o las cuentas de usos y fuentes de la base monetaria, para observar que la contabilidad del Banco es hoy en día un ejercicio de ficción, con números que se mantienen en azul gracias al efecto mágico de activos tan creativos como inexistentes.
Una nota final sobre el tema de la eliminación del financiamiento monetario del déficit fiscal. Este es un tema escabroso que requiere cuidadoso análisis. Por un lado, no hay duda alguna de que el pagaré PDVSA es, por mucho, la mayor fuente de inestabilidad monetaria del sistema y, probablemente, el mayor responsable del brote inflacionario que observamos. Sin embargo, por otro lado, debe tenerse en cuenta que hay razones teóricas para pensar que, en ausencia de fuentes legítimas de financiamiento del déficit fiscal, una posición monetaria demasiado inflexible hoy, podría derivar en más inflación e inestabilidad mañana. 

Este es un tema técnico que es difícil comunicar y divulgar, pero baste con decir que incluso en un escenario óptimo -que no existe en Venezuela-, con un ejecutivo dispuesto a hacer los ajustes necesarios, dispuesto a hacer un ajuste fiscal creíble con apoyo financiero de multilaterales, con un programa de reformas profundas a cargo de un equipo competente, incluso en esas condiciones -repito, inexistentes en Venezuela-, convendría un análisis serio y sin pasiones sobre la secuencia óptima de eliminación del financiamiento monetario del déficit. Puede que lo más drástico no sea lo óptimo desde el punto de vista económico y social. 

No lo digo yo, a eso se le llama la desagradable aritmética monetarista de Thomas Sargent.

sábado, 6 de diciembre de 2014

La bomba-H


Welcome to the llegadero 
Decía R. Dornbusch, en su esencial ensayo sobre el tema de 1985, que las “hiperinflaciones eran el laboratorio de la economía monetaria”, queriendo referir con ello que era durante estos períodos de inestabilidad extrema, que la relación entre la inflación y la cantidad de dinero, esa que a veces se oscurece tanto durante tiempos más “normales”, emergía sólida y sin controversia.

En estos primeros días de diciembre, cuando el tipo de cambio paralelo Bs/$ se está devaluando a una tasa de 75% mensual quizá valga la pena recordar que, en su definición clásica que data ya de los años 50s, P. Cagan puso el umbral –necesariamente arbitrario- de la hiperinflación en un nivel de 50% mensual.

Debo confesar que a uno como economista le da un poquito de vergüenza ajena, o más bien propia, tener que hablar de un tema que pertenece a la sección de lo que ya no se estudia en las escuelas de economía. Y no se estudia porque la estabilidad de precios es un objetivo alcanzando casi universalmente. Ciertamente en nuestra región, ya nadie discute sobre estos temas. Nadie. Y no hablo solo de los niños buenos de la película, Perú, Colombia o Chile, sino que en países como Bolivia o Nicaragua, la inflación es un problema del pasado.
Finalmente llegamos al punto donde tímidamente se pierde el temor a afirmar que estamos en la verja hiperinflacionaria. Sin embargo, hace un año, cuando inauguramos Distortioland hablando sobre como las decisiones del gobierno habían roto con la institucionalidad mínima de la estabilidad monetaria en Venezuela, o sobre como el desequilibrio monetario tendería a profundizarse y que la trayectoria monetaria nos conduciría más temprano que tarde al equilibrio hiperinflacionario, este no era el caso. En aquel entonces, bajo el argumento de que en una economía con controles y represión financiera la demanda de dinero no caería, pocos eran los que daban crédito a la tesis de que íbamos en la trayectoria hiperinflacionaria. 
Pero pasó. Y era previsible que pasara porque entiéndase bien: nunca, en ninguna parte, los controles de cambio y la represión financiera impidieron un proceso hiperinflacionario. Aquí estamos en un punto que no es más que la consecuencia lógica de la demencial dinámica monetaria en que nos metió el gobierno en los últimos 8 años. 
Lo que estamos observando con el mercado paralelo en los últimos días es síntoma inequívoco de que la demanda por nuestra moneda empieza a colapsar. La caída de la demanda por bolívares ha sido abrupta, acelerada y repentina, lo cual es lo típico en la anatomía de los procesos hiperinflacionarios. En el extremo de este proceso, la gente simplemente no encuentra razones para permanecer con nuestro signo monetario en el bolsillo, la moneda deja de cumplir las funciones básicas del dinero. Si la moneda local ya no le sirve para nada al público, es lógico que las personas estén dispuestos a pagar cualquier precio -cualquiera- por deshacerse de él.  
Hay una gran posibilidad de que sea esto lo que estamos observando los primeros días de diciembre de 2014, el colapso de la demanda de dinero. Con ello, nos enfrentamos como sociedad a un abismo macroeconómico, un evento que amenaza con destrozar el ya maltrecho tejido económico y social de nuestro país. 
No se trata de sonar deliberadamente alarmista, pero del bestiario de males macroeconómicos, la hiperinflación es quizás el mal más brutal y disruptivo. La hiperinflación disloca el sistema de precios de tal manera que los mercados de bienes, servicios, trabajo y crédito en la práctica dejan de funcionar efectivamente. La hiperinflación, además, es desproporcionadamente injusta con los que menos tienen, pues estos se ven obligados a dedicar todos sus recursos mentales, físicos y materiales a tratar de escapar de sus efectos, día tras día, so pena de enfrentarse con el hambre.  
Lo más triste de todo esto es que la hiperinflación y sus causas, es uno de los pocos temas donde existe un consenso casi unánime en la disciplina económica. Dando un paseo superficial uno encuentra que ya en Keynes y Cagan, pasando por Sargent y hasta en un entrañable y respetado economista boliviano, entre otros, están las claves de nuestra tragedia actual. No hay nada nuevo, todo estaba dicho. Todas las hiperinflaciones modernas tienen las mismas características:
  1. Una enloquecida dinámica monetaria, alimentada por un Banco Central sin independencia y dispuesto a imprimir dinero inorgánico de manera ilimitada.
  2. Enormes déficits fiscales, sin opciones legítimas de financiamiento.
  3. Un entramado de controles y represión financiera, que interactúa perversamente con la locura fiscal y monetaria. 

Y aquí el punto central de este post: el otro gran consenso en la materia es que una hiperinflación es un proceso que puede ser detenido muy rápidamente. Paradójicamente, estabilizar una economía hiperinflacionaria es un reto técnico mucho más sencillo que, digamos, derrotar una inflación moderada. Con respecto a esto, la literatura es categórica en lo que hay que hacer para desactivar la bomba H:
  1. Es necesario detener el crecimiento descontrolado de la masa monetaria. Devolver la independencia al Banco Central y eliminar las disposiciones que permiten el financiamiento inorgánico de terceros.  
  2. Aunque poner bajo control el crecimiento de la masa monetaria es necesario, la condición sine qua non para detener la hiperinflación es llevar a cabo un ajuste fiscal creíble. Creíble siendo la palabra clave aquí.
  3. Solo después de un esfuerzo coordinado por tomar las dos anteriores medidas, puede retornar la confianza en la moneda, y se puede avanzar de manera ordenada hacia el levantamiento de controles. 
Y es en este punto donde el panorama luce negro para Venezuela. Bajo el actual estado de las cosas, es imposible que medidas sustantivas en la dirección mencionada sean tomadas. Los actuales responsables de la conducción del país no tienen ni la capacidad técnica, ni la voluntad política para hacerlo, más aún, aunque lo intenten, es virtualmente imposible que tengan la credibilidad suficiente para tener éxito.

La única salida que le queda a Venezuela para superar la coyuntura actual, es un cambio de rumbo. Un cambio real, no solo un cambio de políticas, sino un cambio de los responsables de la conducción de dichas políticas. 

Eso, o se nos viene la noche.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Sobre el Convenio Cambiario No.30 (revisado)

 “A partir de la entrada en vigencia del presente Convenio…la liquidación de las operaciones de venta de divisas efectuadas por PDVSA al BCV a los fines de la entrega en bolívares al FONDEN…se hará a cualesquiera (sic) de los tipos de cambio oficiales a que se contraen los Convenios Cambiarios vigentes”
                                                 BCV, Convenio Cambiario No. 30

El recién publicado Convenio Cambiario No. 30 resulta destacable al menos por dos razones. La primera es lo pésimamente redactado que está. La segunda es que finalmente, luego de demasiado tiempo, la devaluación implícita en la creación de las ventanillas de SICAD I y II, empezará a tener efectos sobre las cuentas fiscales a través de PDVSA.

Solo para recapitular, hasta ahora PDVSA –al menos en teoría- estaba obligada a vender cada uno de los dólares que obtenía por sus exportaciones petroleras a una tasa de 6,3 BsF/US$, y con ello hacía todas sus contribuciones al Gobierno Central, incluyendo lo que pagaba para el FONDEN, pero también impuestos, regalías y utilidades. Esta política cambiaria de obligar a PDVSA a calcular sus ingresos a una tasa fija de 6,3, mientras sus gastos crecían abruptamente al ritmo de la inflación, está en el centro del insondable déficit de caja de la petrolera. Luego, para cubrir dicho déficit, el BCV se embarcó en una peligrosa política de emisión masiva de dinero inorgánico de alto impacto inflacionario, bajo el eufemístico nombre de “el pagaré de PDVSA”, que más bien debería llamarse el “pagaremos” de PDVSA. Se observa aquí claramente la relación entre la política de control de cambios y las tasas de inflación que estamos observando.

Pero de vuelta a los últimos acontecimientos. El Convenio Cambiario No. 30 abre la puerta -por primera vez desde el inicio del control de cambios- a que PDVSA calcule algunas de sus contribuciones a una tasa distinta a la de Cencoex. En teoría, la porción de los ingresos de PDVSA que estaría sometida a la nueva tasa podría ser considerable, pues legalmente PDVSA está obligada a meter en el FONDEN todos los ingresos petroleros por encima del precio de referencia de la Ley de Presupuesto, que para el 2014 es 60US$/barril.

Revisión: En estricto sentido, queda claro que el CC30 se refiere solo a las contribuciones por "precios exorbitantes" por encima de 80 US$/barril.

Revisión 2: El Decreto 8.807 habla de que PDVSA puede pagar al FONDEN el 50% o "un monto mayor" de su contribución por este concepto. Resulta muy confuso el texto.

En teoría también, esta medida aliviaría sustancialmente las enormes presiones que el control de cambios ejerce sobre el balance de ingresos y gastos de PDVSA. Consecuentemente, esta medida aminoraría la necesidad de seguir recurriendo al BCV para cubrir los enormes déficits de caja de PDVSA con dinero venido directo de la imprenta en Maracay.

Revisión 3: Cobra fuerza la interpretación de que el único beneficiario del CC30 no sería PDVSA, sino el balance en Bs. del FONDEN. En todo caso, el resto del argumento (sobre las potenciales pérdidas del BCV) sigue siendo válido.

Pero desde el punto de vista macroeconómico, el aspecto más relevante de esta historia tiene que ver con la siguiente pregunta: ¿Significa esta medida un paso en firme hacia una política monetaria más racional?

No necesariamente.

Para ilustrar el punto hay que seguir de cerca lo que hará de ahora en adelante el BCV. Si uno observa las transacciones cambiarias desde la perspectiva del balance del Banco Central, hoy en día, el BCV compra las divisas que le vende PDVSA a una tasa de 6,3 BsF./US$. Luego, la mayor parte de esas divisas las vende a través de Cencoex a una tasa igual de 6,3 BsF./US$, otra porción las vende en los mercados de SICAD I y II, a una tasa más alta. Es decir, el BCV obtiene una “ganancia” por vender dólares de PDVSA a tasa SICAD I o II.

Con el nuevo convenio cambiario, el BCV empezará a comprar una parte de los US$ de PDVSA a una tasa de, digamos, 50 BsF/US$ (Sicad II). Pero si mantiene inalterados los montos asignados para la venta a través de los mercados Cencoex, Sicad I y Sicad II, el BCV comenzará a experimentar una pérdida contable por estas operaciones. Es facilíto: comprará dólares caros para venderlos baratos.

En conclusión: con el Convenio Cambiario No. 30 el gobierno pudiera estar decretando el final del financiamiento monetario del BCV a PDVSA. Pero también pudiera estar decretando el inicio de enormes déficits en el balance del Banco Central de Venezuela. Todo depende de qué tan dispuesto esté el gobierno a limitar dramáticamente -o eliminar- las asignaciones de dólares a Cencoex y Sicad I. 

Esto puede no resultar muy obvio para el público no especializado, pero monetariamente hablando, imprimir dinero en la Casa de la Moneda de Maracay para entregárselo a PDVSA es EXACTAMENTE equivalente a obligar al BCV a tener enormes pérdidas en su balance. La expansión inorgánica de dinero es la misma, solo cambia el asiento contable en el balance del BCV. 

De más está decir que si este es el caso, la trayectoria inflacionaria será la misma que hasta ahora hemos observado. El mismo Musiú...

viernes, 13 de diciembre de 2013

1994

Es cierto. En Venezuela, uno revisa el archivo de cuentos de la cripta y se encuentra con otras historias de horror monetario.

1994 no fue solo un mal año para la música, sino que fue un pésimo año para la economía Venezolana. En Enero de aquel año, las autoridades de regulación bancaria decidieron intervenir el Banco Latino. El Banco Latino era para la época, el segundo banco más grande del sistema financiero. Lo que vino después ya lo sabemos: Venezuela se sumergió en un período de alta inestabilidad, incluyendo varias olas de corridas contra los bancos y el bolívar. El saldo final fue de 75 instituciones financieras intervenidas y el 55% de los depósitos totales del sistema en bancos cerrados o estatizados. En aquella época las largas colas eran de ahorristas tratando de recuperar el fruto de su trabajo en la puerta de un banco cerrado.

Al final de esta triste historia, la crisis bancaria de 1994-1995 tuvo un costo aproximado de 13% del PIB. Además, en medio de una típica crisis gemela, el BCV quemó 45% de las reservas internacionales en un intento vano por defender el régimen cambiario de micro devaluaciones diarias (crawling peg), un régimen que finalmente tuvo que ser abandonado a favor de un régimen de tipo de cambio fijo con control de cambios, tasas de interés y precios -luego de una devaluación de 63%-. Por su costo, y este dato es importante mantenerlo en la memoria, la crisis bancaria del 94 está catalogada como uno de los episodios más fuertes y virulentos en su tipo en la historia económica del mundo contemporáneo.




La información contextual es relevante porque, durante la crisis bancaria de 1994, Venezuela experimentó un episodio de horror monetario similar al que estamos viviendo a finales de 2013. En aquella época, el Banco Central de Venezuela, se vio obligado por una situación de emergencia excepcional -la caída abrupta de la mitad del sistema bancario local- a extender un instrumento de crédito a favor de una Institución del sector público - FOGADE -. Con esta decisión, el BCV pasó a financiar, con emisión inorgánica de dinero, el costo los llamados Auxilios Financieros. La decisión del gobierno de aquel entonces, fue la de devolverle los ahorros a los venezolanos afectados por la crisis bancaria, poniendo para ello a funcionar la maquina de hacer billetes que está en los sótanos de la Esq. Carmelitas.

Hasta aquí el lector atento se habrá dado cuenta de que, aunque las motivaciones fueron muy distintas -y quizás se puede argumentar que fueron más legítimas las de 1994-, el esquema fue el mismo: El BCV, a través de un instrumento de crédito, emite dinero inorgánico para financiar necesidades de otra parte del sector público, lo cual es exactamente lo que hace en este momento con el actual Pagaré de PDVSA. Fin de las similitudes entre 1994 y 2013.

Ahora vamos con las diferencias, que resultan aun más reveladoras. En primer lugar, diferencias de orden de magnitud: En 1994, el BCV terminó por otorgar créditos a favor de FOGADE por aproximadamente Bs. 800 mil millones de los viejos, lo cual puesto en contexto, significó un poco más o menos 9% del PIB de ese año. En 2013, sin tener certeza sobre las cifras exactas del Pagaré de PDVSA, gracias a la rabiosa opacidad que decidió tener el BCV con sus cifras monetarias, el BCV podría cerrar el año otorgando financiamiento monetario a PDVSA por una cifra alrededor del 18% del PIB. ¿Se entendió? El costo actual de la política de financiamiento monetario del déficit fiscal es el doble -D-O-B-L-E- de lo que le costó al BCV salvar a la economía de la quiebra de la mitad de sus sistema bancario en 1994.

La segunda gran diferencia, y no es menor, es que el BCV en 1994 era una Institución, si bien no completamente independiente, al menos no arrodillada a los designios del Ejecutivo. Así que a partir de mediados de 1994 y hasta 1996, simultáneamente con su política de financiamiento monetario de los Auxilios Financieros, el BCV llevó a cabo una agresiva política de contracción monetaria, para drenar la liquidez excedente del sistema, a través de Operaciones de Mercado Abierto colocando títulos de emisión propia (Cero Cupón y TEMs). Esta política, se sabe, fue costosa y criticada en varios aspectos, pero no cabe duda que contrarrestó, al menos parcialmente, el enorme desequilibrio monetario causado por los auxilios financieros.

En suma: Una política más irresponsable y un BCV más pasivo. Siempre he tenido la sensación que la actual política monetaria es como esas fiestas que unos sabe que ineluctablemente terminará a botellazos, sillas volando y gente llorando.

martes, 10 de diciembre de 2013

La Guerra Económica: Update

Interrumpimos sus labores cotidianas para dar un nuevo parte de la guerra económica. Luego de insistentes rumores sobre una ampliación del Pagaré de PDVSA, para cubrir las contribuciones fiscales (incluyendo las utilidades del cierre de ejercicio) de la petrolera con el Gobierno, el Banco Central de Venezuela publicó -con algo de retraso- la base monetaria del cierre de Noviembre 2013. Este parte de guerra trae dos novedades: la primera, es que la Base Monetaria creció a una tasa de 8,2% en apenas una semana -un misil inflacionario contra el valor del bolívar-, con lo cuál acumula un crecimiento de 50% en las últimas seis semanas (se lee cincuenta por ciento) (!). Lo anterior pareciera evidencia de que los rumores referidos son ciertos. La segunda, es que en realidad no será posible confirmar la primera novedad, porque el BCV, en un arrebato de opacidad, decidió dejar de publicar a partir de esta semana las llamadas "fuentes" de la base monetaria, que no son otra cosa que los asientos contables que le permiten al público general saber cuál es el origen de la debacle monetaria que estamos observando. 

Fallan las palabras para señalar lo grave que resulta que el país continúe en esta trayectoria. 

Fin del reporte, todos de vuelta a sus labores cotidianas. 

viernes, 6 de diciembre de 2013

La Guerra Económica: Anatomía del último ataque


La verdad sea dicha: El tema resulta árido. Por más que uno lo intente, es extremadamente difícil traducir en palabras el sentido de urgencia que produce el tremendo desbarajuste monetario que se está creando en Venezuela. Una política fiscal irresponsable, convalidada obsecuentemente por un Banco Central aun más irresponsable, suena a veces como un tema demasiado abstracto, demasiado lejano. Pero no lo es, y voy a mostrar un buen ejemplo.

Lo cierto es que el grado de desequilibrio monetario observado en las últimas semanas es un despropósito de magnitudes épicas que tendrá, que duda cabe, graves consecuencias económicas y sociales. Lo cierto es que, en esta guerra económica, las bajas provendrán de las filas de los que no tienen como protegerse del huracán inflacionario. Las bajas provendrán de los que menos tienen.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Trescientosveinte

Soy economista y me declaro bastante incompetente en materia de tecnicismos legales. Pero con toda la discusión reciente, me entró una duda fundamental. Así que me levanté y desempolvé mi viejo ejemplar de la mejor Constitución del Mundo, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Y ahí estaba, sólido, sin resquicios que dieran lugar a dobles interpretaciones, el Artículo 320 de la CRBV que dice:


Art. 320...En el ejercicio de sus funciones el Banco Central de Venezuela no estará subordinado a directivas del Poder Ejecutivo y no podrá convalidar o financiar políticas fiscales deficitarias...
Pero no soy abogado, y estoy muy consciente de que nuestros problemas hace mucho tiempo dejaron de ser de carácter legal. Sin embargo, me grabé ese número...trescientosveinte

Sigo con lo mío.


sábado, 30 de noviembre de 2013

La Guerra Económica: Noticias del frente

La deuda de PDVSA con el Banco Central de Venezuela (pagaré) ha crecido 150% en lo que va del año 2013, incluyendo una extremadamente preocupante tasa de crecimiento de 49% en las últimas cuatro semanas. 
Recuérdese que esta es la vía más importante de inyección de dinero inorgánico de alto poder inflacionario en los actuales momentos.

Nadie puede saber exactamente lo que está pasando en las finanzas públicas, pero sea lo que sea, esto empieza a lucir muy, pero muy inestable. No hay forma de que esto sean buenas noticias.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

¿Qué es lo peor de nuestra mala política monetaria?

Cuándo uno afirma que la inflación dejó de ser un problema para el mundo, no es una exageración. La prueba de ello es que en 2013, de los 189 países que reportan datos al FMI, 176 tendrán inflaciones de 10% o menos. Venezuela, por el contrario, experimentará este año, con o sin CaDakazo, una tasa de inflación que le otorgará un sitial como la economía más inflacionaria del planeta. Lo peor es que lo peor podría estar por venir. 

Me parece que hemos llegado al punto de trascender el diagnóstico. Creo que un buen comienzo podría ser identificar cuál es exactamente la fuente de donde emana tanto desorden. En dónde exactamente reside el origen del desastre monetario que nos hace merecedores de la medalla de oro en inflación. En definitiva, comenzar por saber lo que NO se debe hacer en materia de política monetaria, y fíjese que en nuestro caso, resulta hasta sencillo el ejercicio. 

Miércoles 20 de julio de 2005. Recuerde esa fecha, es una fecha importante. Ese día, el Dia D del descarrilamiento del tren monetario, salió publicada la Reforma Parcial del Banco Central de Venezuela que contemplaba, entre otras cosas, que el ente emisor “estimaría un Nivel Adecuado de Reservas Internacionales (NAR)”; qué lo haría mediante una metodología “cuyos parámetros se adecuarán a las características estructurales de la economía venezolana”; y, además, qué los estudios que darían sustento a dicha metodología serían compartidos con la AN y el público general.

Esa Reforma Parcial también autorizó la transferencia de US$ 6.000 millones del saldo de las RIN hacia un Fondo destinado al financiamiento de proyectos de inversión “en divisas”. Había nacido, en el mismo acto legislativo, el Fonden y la noción de “reservas internacionales excedentarias”. Cómo mencioné, fue un día digno de reseñar.

Ocho años después, los resultados de esta reforma son evidentes. Cómo nos dice el colega Ronald Balza en su interesante artículo sobre el Fonden, hasta el primer semestre de 2013, unos US$ 55.000 millones han sido sustraídos de las Reservas Internacionales, declarados como “excedentes” y traspasados al Fonden -incluyendo unos insólitos US$ 3.000 millones en el primer semestre de 2013 (!), cuando ya eran más que evidentes los síntomas de la severa restricción de divisas que padece la economía-. El balance no puede ser más negativo: Al contrario de lo que dice la Ley, la metodología de cálculo del NAR es un misterio para todos y jamás ha sido publicada o compartida con la AN. Al contrario de lo que dice la Ley, los gastos de inversión del Fonden no se han hecho exclusivamente en dólares, lo cual ha profundizado aún más el daño monetario de la medida.

Viernes 6 de Noviembre de 2009. Para añadir insulto a la injuria, se publica otra Reforma Parcial de la Ley del BCV. Lo sustancial de esta nueva reforma fue que se autorizó al BCV a financiar, directamente y sin límite de plazo, a empresas e institutos públicos. Adicionalmente, se levantó la prohibición que restringía la adquisición masiva de instrumentos de crédito ofrecidos en colocación primaria por parte de entes públicos, incluyendo, por supuesto, a PDVSA.

Al contrario que lo que pasó con la Reforma de 2005, en la de 2009 si se cumplió al pie de la letra con sus premisas. El mecanismo de crédito autorizado por la ley no tardó en activarse. Hoy, cuatro años después de esta reforma, el llamado Pagaré que el BCV extiende a PDVSA y otras empresas públicas, alcanza unos BsF. 300 mil millones -US$ 47.600 millones si se le calcula al tdc oficial-. Este instrumento de crédito es la línea más abultada de todas las fuentes de la base monetaria -de hecho equivale a 100% del total del saldo de dinero primario-. El efecto monetario de esta irresponsable política es brutal: PDVSA se ha convertido, desde 2009, en el ente de mayor incidencia neta sobre el torrente de dinero de alto poder inflacionario. PDVSA se ha convertido en un mucho mejor productor de dinero inorgánico, que de petróleo.

El daño infligido al equilibrio monetario del país con estas reformas ha sido extremadamente grave: Por un lado, el principio de “reservas excedentarias” ha herido de muerte el balance del BCV. El balance del BCV está en azul solo por obra y gracia de la creatividad contable, que infla legal, pero artificialmente sus activos en bolívares. Por el otro lado, el Pagaré de PDVSA y la práctica extendida del Fonden de gastar parte de sus presupuestos en moneda local, ha activado un ciclo de inyección y re-inyección de dinero inorgánico de alto poder inflacionario al torrente monetario. Esto ha sucedido en los últimos meses a una tasa sin precedentes en la historia nacional.

Dado los resultados obvios de estas dos reformas, vale la pena recordar que entre 2005 y 2008, algunos economistas de la periferia oficialista quisieron darle visos de discusión pseudo-intelectual al tema de las “reservas excedentarias”. Era un tema de moda en la región, pues en medio del boom de precios de commodities y profusos influjos de capital, las RIN de los países subían como levadura. En ese contexto, hubo un debate sobre el Nivel Óptimo de Reservas Internacionales (NOR), bajo el principio básico de que las RIN actúan como un seguro que limita la vulnerabilidad del país frente a choques externos, y que como todo seguro, su tamaño óptimo depende del costo de la prima, de la probabilidad de ocurrencia del siniestro y del tamaño de las pérdidas. Los trabajos de dos economistas Israelíes, Ben-Bassat y Gottlieb (1992), seguido de una reformulación más contemporánea de Jeanne y Ranciere (2006), guiaron la discusión en ese entonces.

Creo que no vale la pena ni siquiera insistir en que la discusión sobre el NOR en nada, repito NADA, tuvo que ver con el NAR establecido en la Ley del BCV desde 2005. La discusión sobre el NOR fue sobre cómo dar a los bancos centrales un indicador sobre cuántas reservas acumular, como un insumo indicativo más para el manejo de políticas monetarias generalmente transparentes, independientes y enfocadas en el mandato de preservar la estabilidad de los precios. En ningún momento se pensó en el nivel óptimo de reservas como una especie tope draconiano, una cota superior por encima de la cual el Gobierno podía agarrarse esos recursos para “reinvertirlos en el desarrollo nacional”. Eso, señores, me refiero al concepto de “reservas excedentarias”, es una innovación endógena de la revolución. Ese invento jamás ha sido avalado de manera alguna por la literatura económica, por más que los economistas de la periferia oficialista nos lo quisieron hacer creer.

Lo que ha sucedido en lo últimos años no se puede sino definir como desaparición de la institucionalidad mínima de estabilidad monetaria en Venezuela. El ejecutivo expropió al BCV todas sus competencias y su independencia, y con ello lo despojó de su capacidad real para cumplir su mandato legal. El Banco Central dejó de ser centralizador  de las Reservas Internacionales; empezó a financiar directamente ejercicios fiscales deficitarios; y, se subordinó a las decisiones del Ejecutivo. Es decir, se vulneraron las 3 mejores prácticas en materia de manejo de banca central.

Abatir la inflación es una responsabilidad histórica que ha sido postergada por los gobiernos de los últimos 25 años. Revertir las erradas decisiones de estos últimos años y re-institucionalizar el manejo monetario del país, son en sí mismo un programa de reformas para el futuro. El rediseño institucional del manejo macroeconómico debe derogar el concepto de NAR, cortar el financiamiento monetario de PDVSA, empoderar de nuevo al BCV, devolverle su independencia y la voz de sus cuadros técnicos. Esa será la única vía para que el BCV pueda cumplir su mandato constitucional de protección del valor del Bolívar.